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domingo, 13 de marzo de 2011

Carmen Berenguer: "El ciberespacio ha desplazado al libro"

Reproducimos una entrevista a la poeta chilena Carmen Berenguer, publicada en Los Tiempos de Cochabamba.






Carmen Berenguer, poeta y cronista (Santiago, 1946) es una de las principales figuras de la poesía chilena actual y una de las ocho invitadas al II Festival Internacional de Poesía que este año incluye a Cochabamba y se realiza este mes.

Berenguer ha asumido una voz femenina firme y de necesaria ruptura, especialmente con la publicación de su poemario Bobby Sands desfallece en el muro (1983), en el contexto del régimen militar. En marzo de 2008 le fue otorgado el Premio Iberoamericano Pablo Neruda (el mayor premio otorgado por el Gobierno de Chile a un poeta iberoamericano).

A propósito de su llegada, reproducimos una entrevista publicada por el Ministerio de Educación de Chile.


¿Cómo piensas que ven los jóvenes a la poesía hoy?

Carmen Berenguer (CB): Hoy hay más oferta en el mercado cultural para la gente joven: la televisión, el mundo del ciber espacio. Toda una bisutería de objetos electrónicos ha desplazado la lectura y el libro como espacio de placer y conocimiento. Por lo demás, la poesía ha sido siempre más secular y elitista. Sin embargo, ha surgido toda una generación de laureles, que han escogido el género poesía como lugar y espacio que les permite mayor libertad de exploración verbal, visual y musical.

Según tu visión, ¿qué tiene la poesía que el resto de la literatura no tiene?

CB: Nacimos con el verso en la cabeza, como un clon, debido a que la poesía chilena ha sido dicha y leída desde que nacimos como nación. Toda una vida republicana ha sido escrita como canto y semblanza de lo nacional. Desde la crónica La Araucana de Alonso Ercilla hasta nuestros lustrosos días se le ha cantado a nuestro paisaje nacional. Es el género de la lengua, por ello su renovación formal es una constante. La poesía tiene una única misión: presentir la lengua de su tiempo.

¿Cómo actúa el humor en tu obra?

CB: Actúa por superposición a aquello redicho. Entonces, se forma una bisagra en la supuesta verdad de lo dicho. La comedia es la verdadera tragedia de la vida. Es un género que me importa mucho y que está incorporado en mi escritura. Le imprimo algo así como un humor melancólico. Aunque algunos me dicen que hay algo de Búster Keaton. Puede ser. El carnaval, las máscaras, producen humor.

Un crítico decía de Cantinflas que su oratoria dislocada se caía a un precipicio. Utilizaba esa metáfora para definir el uso por Cantinflas de una forma de simular el lenguaje que, en su ímpetu por usar la lengua de la razón (que también era un sinsentido), se precipitaba en un chorro verbal de tal magnitud que provocaba un derrumbe. Por otro lado, se llegó a pensar que ese palote anoréxico del Quijote era un grafo en la página blanca. La comedia de la novela de caballería, en síntesis, su tragedia final. El humor ha servido para desdramatizar la gravedad de los acontecimientos.

¿Cómo introducirías tu obra a los jóvenes lectores?

CB: Fui una muchacha que vivió un tiempo de muchas convulsiones en su tiempo. Una joven inconformista que no le gustaba cómo estaban las cosas y pensaba ayudar a remediarlas. Una chica vital y rebelde a quien no le gustaba estudiar, vibraba con los nuevos sonidos del rock, usaba jeans y leía a Sartre. Le gustaba escribir y soñaba que algún día sería escritora. Una mujer que se atrevió a escribir metáforas de la vida. Una escritora que hizo una obra que ha recreado su tiempo, utilizando todos los recursos disponibles en el lenguaje, por medio del graffiti, la visualidad, los ruidos de fondo. Mi poesía no dice nada. Ése es un rap.

¿Te parece pertinente leer tu obra en cuanto “literatura femenina”? ¿Qué implica esta óptica de lectura?

CB: Creo que al margen de su enunciado, poderoso sin duda, me ha permitido pensar a la mujer como sujeto femenino en un mundo patriarcal. No obstante, debe de leerse como literatura, con sus soportes, sus aciertos y desaciertos. De esa manera se corrige lo mismo que la ha atentado: su encierro. Leerla como un aporte más, para democratizar la literatura. Cada autor(a) recrea su tribu.

¿Qué obras recomendarías a jóvenes lectores?

CB: Obras recientes, que permitan que los jóvenes lean lo que la nueva generación está produciendo, como la antología Cantares: Nuevas voces de la poesía chilena (Lom, 2004), Prueba de sonido: Primeras historias del rock en Chile (2008) de David Ponce, Ciertos ruidos: nuevas tribus urbanas chilenas (2009) de Andrea Ocampo, El mundo de Sofía de Jostein Gaarder (Siruela, 1994-95), entre otros. Las Crónicas de Bob Dylan y biografías de escritores y músicos como John Lennon, Violeta Parra, Victor Jara o Los Prisioneros.

Para terminar, ¿cómo fue tu iniciación a la escritura?

La lectura a temprana edad, me llevó a desear escribir y comencé copiando, sin duda, el tono de lo que había escuchado y leído. Los 20 poemas de amor y una canción desesperada de Neruda fue como una revelación de un rockstar. Todos se sabían de memoria algún verso. Los poemas de Gabriela Mistral fueron otra melodía y los recitaba junto a unas amiguitas recitadoras. Más de algún trovador poetizó los poemas de Óscar Castro, en los años 60. Luego viajé a Estados Unidos y conocí poetas y escritores. Verlos en carne y hueso me indujo a comprar mi primera máquina de escribir. Así fui procesando información y lecturas más recomendadas. Ingresé a un taller en los años 80 y mi estímulo fue aún mayor. ¡Pero qué diablos! Me gustaba escribir y sentía una enorme curiosidad por los escritores.



Carmen Berenguer. Ha publicado los siguientes libros de poesía y ensayo: Bobby Sands desfallece en el muro (1983), Huellas de siglo (1986), A media asta (1988), Escribir en los bordes (1990), Sayal de pieles (1993), La mirada oculta (1994), Naciste pintada (1999) y La gran hablada (2002). Sus textos poéticos y ensayos han sido publicados en diversas revistas literarias nacionales e internacionales. Es autora de obras multimedia y video arte y ha realizado performances. Ha sido traducida al inglés y al sueco. Ha editado las revistas literarias Hoja X Ojo(1984) y Al margen (1986). Ha dirigido talleres de creación literaria en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.






domingo, 7 de febrero de 2010

Entrevista: “Poesía no hace mandados a nadie”

Jorge Boccanera, poeta argentino (1952) autor de una decena de libros, premio Casa de América 2008.

¿Por qué cultiva la poesía?
En mi infancia en un puerto del sur bonaerense, lleno de marineros y forasteros, un lugar que visitaron alguna vez piratas como Sir Francis Drake y científicos como Darwin, se me fueron imponiendo historias, pero no con forma de relatos, sino con imágenes visuales fuertes; y también la música de los versos. A partir de allí no dejé de garabatear y de debatirme dentro de esta respiración que posee la poesía. Mejor dicho: la búsqueda de la poesía.

Su último libro Palma Real ha ganado el Premio Casa de América de la Poesía 2008. ¿Cómo define esta obra?
Lo inicié en Costa Rica en 1995 y se transformó en un abultado cuaderno de notas, hasta que lo terminé en Argentina el 2007 como un libro exiguo. El ritmo lo impone esa poesía que a veces tira de la lengua. Lo anima la floresta, el ramaje. Tiene que ver con una selva que yo dibujo a lápiz, que también está en mi interior y que excede lo contemplativo. El poeta argentino Juan L. Ortiz decía que él veía en el paisaje las relaciones… Me conmovió allí, lo enmarañado que contenía todos los sabores y los olores, todas las formas y las texturas, y las vidas y las muertes.
El eje del libro es el movimiento; una fronda que come imaginación, ése es su modo de crecer. La protagonista es la palmera, la esbelta, la que respira viajes. Allí pude instalar mis obsesiones: la pasión, el exilio, la muerte, la solidaridad. Y dialogan en ese sueño pájaros y reptiles, pero también personajes como Rimbaud y Ana Frank. En esa selva está la plenitud, pero también los árboles talados de mi generación.

¿En qué obra trabaja ahora?
Trato de darle forma a un nuevo libro de poesía que tiene un título provisorio: Monólogo del necio. Pero me cuesta. A ratos pienso que el poeta tiene una imagen, un tema frente a los ojos (los ojos del sueño, claro) y empieza a hablarle. Ese “hablar” puede durar mucho, justamente en el momento en que el poeta debe hacer silencio, el que empieza a hablar es el poema. Estoy a la espera de que eso suceda.

¿Qué poetas bolivianos conoce?, ¿qué de nuestra literatura?
Incluí en algunas antologías de poesía latinoamericana que me tocó hacer en México, a poetas como Jesús Urzagasti, Jaime Sáenz, Matilde Casazola, Yolanda Bedregal y, entre otros, Héctor Borda Leaño, a quien conocí personalmente en la Argentina convulsionada de los 70. En el exilio trabé amistad con un escritor lúcido que me deslumbró: René Bascopé Aspiazu, poeta, narrador, ensayista, periodista y, sobre todo, un ser querible, íntegro, inteligente. También conocí a Gumucio Dagrón y poetas con los que compartimos algunos festivales como Shimose y Mitre. En narrativa sigo a mi amigo Taboada Terán y espero meterme más a fondo en narradores como Augusto Céspedes, Quiroga Santa Cruz, el Sáenz de Felipe Delgado.

¿Por qué, a diferencia de la narrativa, es tan débil el circuito de difusión de la poesía entre los países latinoamericanos?
Si la palabra “difusión” tiene que ver con los grandes medios de prensa, no sólo la poesía se va quedando en los márgenes. En términos del interés de las editoriales, sí, es un circuito nimio respecto a los otros géneros. ¿Por qué? La poesía no va con una época de indiferencia y de indagación escasa, de poca curiosidad y de lenguaje pobre. Hace poco puse atención a la jerga que usan los jóvenes en argentina, me llamó la reiteración, casi como muletilla, de la “obvio”. Yo digo: si todo es obvio, no hay misterio. Y sin misterio es difícil vivir, ¿no?

Como a los futbolistas: ¿Feliz por ser una de las estrellas del Festival de Poesía de Bolivia?
Se agradece el cumplido. Aunque no creo en estrellatos, menos en poesía. No vivo la vida en función de la posibilidad de eso que el sistema llama “éxito”, porque el éxito es para mí el fracaso del deseo. Me gusta esa línea de Vallejo que dice: “Se debe todo a todos”. En una palabra, y siguiendo con la figura futbolera, me honra sobremanera haber sido incluido en el equipo de poetas de este importante evento.

¿Es posible que la poesía —una experiencia íntimo y hasta silencioso— se convierta en espectáculo? En este sentido, ¿para qué sirve un festival?
La poesía siempre es eso que usted dice, aunque se recite a los gritos o se cante. Y también, en un silencio apenas susurrado, puede ser un espectáculo. La medida la da la intensidad.

Respecto a la segunda parte de la pregunta, le diría que buscarle utilidad a un festival —vale decir, a un diálogo de la imaginación; un encuentro entre las intuiciones, las ideas y las invenciones— sería como buscarle utilidad a la propia poesía. Una vez le preguntaron a un gran poeta, el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, para qué servía la poesía, y él respondió: “la poesía no le hace los mandados a nadie”.

(Entrevista publicada el 7 de febrero de 2010 en Tendencias, suplemento del periódico La Razón de La Paz).